domingo, 7 de diciembre de 2014

Del Elogio a la Insipidez

Por Sebastián Mundaca.

La estética china nos muestra un poco del alma del pensamiento chino, o su manera propia de filosofar. SI hay algo que rescatar de este modo de pensamiento es la insipidez de su forma. El intento por no ir directamente al objeto para buscar su verdad o no cerrar las percepciones  y las atenciones en un punto fijo de la realidad. Sino, poder rodear o circundar las cuestiones de su interés para poder rescatar y fijar en un mismo plano las cuestiones que estén en su revés o sus costados, aquellas que el pensamiento tradicional u occidental debe por necesidad propia, dejar de lado, o es más, que incluso en su empecinamiento pasa por alto. A esto se le llamara “Pensar lo impensado”.

La pintura es un ejemplo de este movimiento, a saber, busca trascender un momento dado en el tiempo y en el espacio, y colocar al mismo tiempo y en el mismo espacio, otros lugares y momentos impensados o dejados de lado, en un mismo plano. Aquí es pintura insípida. Se aprecian desde su lugar inferior y el superior,
distintos objetos de un paisaje (esto resulta interesante, como abajo y arriba contienen la misma importancia)  en donde lo lejano está igualmente de claro que lo cercano, lo lejano y lo cercano en un plano indistinto, además es blanco y negro por igual, no existe un color que defina algo, que tome preponderancia. Además, es una pintura donde las formas se encuentran en proporcionalidad a lo vacío, por lo tanto, lo vacío y la forma están presentes en armonía, de manera insípida, desmarcada, sin tomar posición, sin enfocar nada, nada está robándose la atención sobre lo demás.
Mientras que el pensamiento occidental, ha seguido por así decirlo la tradición dialéctica, de, a través de la superación de las posiciones en principio antagónicas, ir rescatando aquello que no se pensó antes, el pensamiento chino coloca en un solo momento todo esto como armonía. Armonía que no nace de la voluntad del orden, sino de la propia necesidad de sus fuerzas. De esta misma forma podemos entender al sabio, como aquel hombre que no toma posición a priori de su proceso, sino que parte desde la descentración y la disponibilidad, es decir, desde una apertura que buscara para desarrollarse la regulación. 

Este es el trabajo que el filósofo y sinólogo francés Francoise Jullien recoge a través de sus obras “Un sabio no tiene idas” y “Elogio a la insipidez”, entre otras, una manera de replantearse frente a la propia filosofía occidental, y por ende, a las grandes cuestiones de ésta, como han sido la verdad, la libertad, Dios, el objeto, etc. Y lo hace de forma radical. Para ello, a través de su trabajo pretende inmiscuirse en el alma del pensamiento chino, precisamente buscando no necesariamente lo novedoso, sino un lugar desplazado de nuestro propio pensamiento, un lugar ajeno, para finalmente hacer dialogar dos mundos.
Resulta paradójico ahora preguntarse por algún tipo de verdad. Pero podemos rescatar que lo verdadero y lo falso, y lo bueno y lo malo, no pueden llegar a ser opuestos, no por la superación dialéctica de ambos, sino pensando que puede que sean no más que dos tipos de ordenamiento de las mismas cosas. 

1 comentario:

  1. Denominar "insípido" a algo de lo que no se tiene idea, es una característica propia del eurocentrismo.

    Esta tendencia por parte de Europa central de intentar ser un referente universal de conocimiento a partir de la invasión europea iniciada en el siglo XV .

    A través de este tipo de prácticas se le intenta dar legitimidad al conocimiento proveniente sólo de la Europa central y des legitima cualquier tipo de conocimiento proveniente de cualquier otra parte del mundo, es por esto que en nuestra formación por ejemplo, no leamos filosofía china, turca o india, entre otras.

    Te recomiendo que si te vas a referir a algún tipo de cultura en particular, no lo hagas a partir del marco interpretativo europeo, ya que ellos sin entender el "otro" conocimiento y con el objetivo de imponer el conocimiento propio, cae en errores tan graves como denominar " insípido" a algo de lo que no se tiene idea de que se trata.

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