Pez en Paz*
Claude Levi-Strauss, el distinguido etnógrafo francés que ha hecho estudios brillantes sobre la estructura y evolución de las sociedades primitivas, se pregunta si hay, o no, respuesta que no tienen preguntas. Como contestación, bien podría él investigar el pensamiento del pueblo de Santiago para comprobar que efectivamente, la gente tiene aquí respuestas sobre todo que carecen de preguntas, es decir, que resulta innecesario formularlas
porque no las necesita ni nada le importa.
No es algo nuevo, de este año ni del anterior, pero sí es de esta década. El estudiante, el profesional, el empresario y el gobernante han dejado de formularse preguntas.
¿A qué se debe este fenómeno? Las razones son variadas, de miel y de hiel. Una de estas últimas y tal vez la más importante es la llegada de la televisión. Importante porque es progresiva, porque crece día a día. En la mente, en el pensamiento diario y en el modo de comportarse de la mujer y el hombre de esta ciudad --luego lo serán de todo el país-- se ha impuesto el televisor y a través de él, la imagen. La vista, en ellos, ha devorado al verbo.
--Veo, luego sé.
La palabra, sea hablada o escrita, no produce reacción alguna, sólo el televisor importa.
Resulta lógico. La vista es la maravilla del "homo sapiens". El desarrollo de sus ojos le permitió bajar de los árboles, afinar sus manos y afincar la mejor parte de su cerebro. "Ver para creer" penetra profundamente en el subconsciente; con ver, basta. ¿Para qué formular pregunta alguna?
Como proceso general recién ahora se inicia.
El habitante de este país va, luego, a conocer todas las respuestas sin formularse jamás una pregunta. ¿Para qué? Estará como pez en el agua, en paz, no en aguas ricas, ni propias ni profundas, sino encerrado, preso, esperando ansioso el alimento, --¿envenenado?-- que viene de afuera.
Es la maldición del televisor: ver sin comprender.
HORACIO SERRANO
*Texto tomado del Diario El Tarapacá, nº 25.960, año LXXXII
Miércoles 3 de diciembre de 1975
Sección Literatura, página 3.

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