miércoles, 8 de abril de 2015

Abstinencia

Hoy quiero reflexionar brevemente sobre aquel personaje que más de alguno se ha cruzado en su vida, aquel que nunca queremos llegar a ser, aquella aberración de la creación: El amargado existencial.

Esos personajes expertos que le verían lo negativo
a la Madre Teresa.  Atletas de la negatividad. Maestros milenarios del "no", del "pero", del "no quiero" y "no puedo". Reyes del pesimismo resignado. ¿Quién no se ha cruzado con uno de esos alguna vez?... ¡quién no se ha comportado como uno de esos alguna vez!

Es como si, tal monje budista, practicaran la abstinencia, pero la abstinencia de ser y sentirse felices. Con ímpetu y dedicación admirables, dignos de un Nobel o Medalla Olímpica. Pobres diablos. De esos que ni siquiera nos producen rabia, de esos por los cuales llegamos a sentir compasión.

Abstemios. Aquellos que renuncian voluntariamente a la satisfacción de un placer. Esto es lo que pasa con ellos, abstemios de la felicidad, débiles que ceden ante la tentación de la felicidad. Quizá todo comience con la "habituación hedonista" tan propia de nuestra sociedad, la que ya no nos permite impresionarnos o conmovernos tan fácilmente. No se esfuerzan por salir de ese estado, descuidando la felicidad, pensando que algún día llegará, "cuando tenga esto...".

Pobres seres abundando en nuestro mundo... 

Imagen random tomada de google.

2 comentarios:

  1. Sobre su apología a la felicidad Pablo de Rokha diría "Hay que poseer el heroísmo de agonizar correctamente,
    clavando los dedos de los ojos y su puñal en la tiniebla acumulada,
    sin abandonar la voluntad de podrirse" y concluye más adelante "He ahí la conciencia y el ser, mezclándose de árboles incendiados y panoramas, a la canción pretérita,
    revolviendo sesos y versos en la memoria —un grande espacio—, y entra el muerto
    a la izquierda, y aquel pájaro en cántico de los álamos del cementerio,
    peleando con nosotros, agusanados, como sardina podrida, o embalsamados en caricatura de almacén triste,
    Porque tiene gusto a muerte la comida,
    y olor a adiós y a muerte la piel y todos los negocios,
    la fruta, la plata, la ropa, la sepultura,
    y sólo la hoz y el martillo nos alumbran la materia,
    como grandes casas de hierro con incendio"

    No son tan terribles los amargados existenciales, a lo sumo muerden pero no envenenan, no sólo de best seller se vive.

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    1. Quizá son sumamente útiles y funcionales para el equilibrio societal... ¡quién sabe! Además, se rumorea por ahí que la felicidad está sobrevalorada, la "sociedad coca-cola" nos ha dejado terriblemente alienados jaja Saludos Alí, gracias por el aporte, estamos al habla :-)

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